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San
Luis, Rey de Francia
Majestad, calma, seguridad
y determinación del Rey Cruzado
La imagen que se encuentra en la parte exterior de la célebre
Sainte Chapelle, en París, reproducida en esta contratapa,
nos da una fiel idea de quien fue San Luis IX (1214-1270).
Se ve en él una indiscutible majestad real. No la majestad
de un soberano agresor y deseoso de anexar tierras que no
le pertenecen, sino la de un Rey defensor sereno y firme de
sus derechos, con la seguridad de quien tiene el derecho de
mandar sobre las tierras que recibió de su antecesor.
En ese sentido, es un monarca guerrero, que va a la guerra
si necesario fuera —como era su deber— para mantener
la integridad de su reino. Así, su fisonomía
traduce una determinación y una decisión realmente
muy bellas.
La corona que porta no alcanzó toda la riqueza artística
de las coronas posteriores. Pero el tamaño de las flores
de lis y del diadema le dan tal belleza, que se pude cuestionar
si las coronas de los siglos siguientes, cerradas y encimadas
por una cruz, son verdaderamente más bellas que ésta.
La corona, más la fisonomía y la actitud del
cuerpo dan la impresión de una calma y una seguridad
en la defensa de sus derechos que marcan el perfil del Rey
cruzado, del Rey batallador. Tuvo que emprender numerosas
guerras durante su reinado, pero supo orientar esas pugnas
de tal manera que no sólo salió victorioso sino,
más aún, pese a vivir en una época guerrera,
puede decirse que su reinado fue un reinado de paz.
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