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Catedral
de Aix-la-Chapelle
“Levantemos
los
corazones hacia Dios”
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Catedral
de Aix-la-Chapelle, Alemania, construida por
el Emperador Carlomagno (742-814) y que guarda
sus restos mortales. Hasta el siglo XVII se
realizaban en este magnífico templo las coronaciones
imperiales.
Allí fueron coronados 32 emperadores y reyes. |
¿Qué puede decirse de esta catedral? El mejor comentario
es exclamar: ¡Oh! ¿Qué significa ese ¡oh!? Significa: ¡Oh,
preciosidad! ¡Oh, tesoro! ¡Oh, símbolo de algo que eleva mi
alma a las más altas cumbres! ¡Oh, catedral! Analizándola,
a primera vista parece como una montaña de torres, de capillas
y de cúpulas, colocadas mas o menos unas sobre las otras sin
previa reflexión. Sin embargo, del conjunto se desprende tal
armonía, que uno queda verdaderamente maravillado. Armonía
que tiene algo de curioso: todo apunta hacia arriba. Se diría
que la catedral exclama: "Conversatio nostra in coelo est"
(Nuestra conversación está en el Cielo). Apunta hacia arriba
la torre, como levantando los brazos a Dios. Apunta hacia
arriba la cúpula, que, no satisfecha de elevarse con toda
su masa rumbo hacia lo alto, todavía ostenta una pequeña cúpula,
como en una suerte de intento de alcanzar con la punta del
dedo aquello que la palma de la mano no consigue tocar. Apunta
hacia arriba la forma ogival de las ventanas que están incrustadas
en la torre y cuja extremidad parece reflejar una tendencia
a subir, subir y subir...
Cada uno de las pequeñas torres de abajo parece recordarnos
aquellas palabras de la Misa: "Levantad vuestros corazones".
Y la respuesta es: "Los tenemos levantados hacia el Señor".
Todo el conjunto es un inmenso, un maravilloso "Levantad
vuestros corazones"
¿Cómo hoy en día alguien puede poseer un alma tan dura o
tan vil, que no se conmueva y no se entusiasme observando
esta catedral? Imaginemos que se interrumpiera un programa
vulgar o inmoral de televisión y se exhibiera, de repente,
una película sobre esta catedral... Sin duda, muchos quedarían
encantados. Pero ¿no es verdad que una serie de personas tendrían
un acceso de mal humor y preferirían volver a la vulgaridad
televisiva? ¿En qué estado se encuentra un alma que rechaza
tal maravilla y opte por la inmoralidad? Sin embargo, debemos
tener siempre presente que el alma humana, creada para esas
elevaciones y esa dignidad, cuando sigue un primer impulso
para escaparse de esos panoramas queda al borde del abismo
en que caerá.
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