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Plaza
de Venecia:
suave intimidad ceremoniosa
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Plaza
de Santa María Hermosa, Venecia-Italia.
Grabado del siglo XVIII |
Esta pequeña plaza de Venecia produce una primera
impresión: intimidad.
Entre las casas que la rodean hay como una fraternidad; parecen
hermanas unas de las otras. La discreción de dos o
tres fachadas las hace muy hermosas.
El estilo de vida de las personas que pasean está
marcada por una cierta suavidad semejante a la de las casas.
Vida marcada, al mismo tiempo, por la gravedad del ceremonial,
pues esa intimidad es distinguida y no da pie, por ejemplo,
a presentarse vestido de cualquier modo.
En todo el ambiente están difusos un buen gusto y
una calma provenientes de la tradición.
El pequeño palacio de la derecha es al mismo tiempo
pequeño y pomposo. Sobre su imponente fachada, una
corona de conde. La tarima nos indica que debe haber habido
una representación teatral.
En el fondo, una linda iglesia con una torre muy elegante.
Todas las torres tienen un diseño armónico y
distinguido.
En el conjunto de la plaza es muy importante el papel del
aljibe. Por así decir, es el centro psicológico.
Sin ella, la plaza no sería la misma.
Uno puede advertir también la simpática presencia
de lo genuinamente popular, sin lo cual la sociedad se vuelve
inhumana. Se pueden imaginar escenas muy pintorescas. Por
ejemplo, encima de la chimenea de una de las casas a la izquierda
hay una escalera. Quizás un deshollinador esté
cantando mientras trabaja... el viento amenaza hacer caer
la escalera sobre una niña... que se salva por invocar
a San Antonio.
A fuerza de observar la plaza, el sentido común destila
una nota dominante que es un valor del espíritu. Podríamos
definirlo así: suave intimidad ceremoniosa, afable,
llena de armonía y de distinción. Ese es su
encanto.
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