|
El
Nacimiento del Niño Jesús

Esta representación del Nacimiento del Niño Jesús,
obra del célebre pintor italiano Giotto, comentada durante
una conferencia por el Prof. Plínio Corrêa de Oliveira,
nos ayuda a meditar sobre la Santa Navidad.
San José duerme. Resuena en los cielos el canto de los
Ángeles: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la
tierra a los hombres de buena voluntad”
Es de noche y Nuestra Señora acaba de dar a luz, de una
manera misteriosa y maravillosa: virgen antes, durante y después
del parto.
Su gesto, su actitud, son los de quien se empeña en ternuras
para con el Divino Infante.
Es una escena lindísima, que llena el alma. Nuestra Señora
ve —por primera vez con sus ojos terrenales— al fruto
del Espíritu Santo concebido en sus entrañas.
¡Y que rostro presenta el Hombre Dios que de Ella acaba
de nacer! Es un niño recién nacido, pero como Nuestro
Señor fue concebido sin pecado original y su naturaleza
humana estaba hipostáticamente unida a la naturaleza divina
de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, su inteligencia
era plena desde el primer instante en que María Santísima
lo concibió. Ya consciente desde el claustro materno rezaba,
ofrecía reparación a Dios, adoraba y pedía
por los hombres.
La Virgen María sabía que la mirada de aquel Niño
era lúcida y llena de amor. Los dos se estaban conociendo.
Imaginemos el auge de amor de Dios que Ella alcanzó en
ese instante. Y el Divino Infante ¡qué mirada de
amor dirigió a Su Madre Santísima!
Nota: Fresco
pintado por Giotto di Bondone entre 1302 y 1306, en
la Capilla degli Scrovegni, Padua (Italia)
|