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La
verdadera santidad es fuerza
de alma y no debilidad espiritual
Cierta iconografía presenta a los santos con
un aspecto muy diverso al del heroísmo de la
virtud que practicaron: criaturas blandas, sin personalidad
ni fuerza de carácter, incapaces de ideas serias,
almas llevadas apenas por sus emociones y totalmente
inadecuadas para las grandes luchas de esta vida.
¡Cómo tantas figuras de Santa Teresita
producidas por esa iconografía difieren del
espíritu vasto y profundo como el firmamento,
rutilante y ardiente como el sol, y sin embargo tan
humilde, tan filial, con el que se toma contacto en
"Historia de un Alma".
Estas dos fotografías presentan por así
decir dos "Teresitas" diversas y hasta opuestas
una a la otra. La primera nada tiene de heroico: es
la Teresita insignificante, superficial, dulcificada,
de la iconografía sentimental. La segunda es
la Teresita auténtica, fotografiada poco antes
de su muerte. La fisonomía está marcada
por la paz profunda de las grandes e irrevocables
renuncias. Los trazos tienen una fuerza que solo poseen
las almas de una lógica de hierro. La mirada
habla de dolores tremendos pero al mismo tiempo deja
ver el fuego, el aliento de un corazón heroico.
Contemplando esta fisonomía fuerte y profunda
se piensa en otra Faz: la del Santo Sudario de Turín.
¿Por qué nos ha de extrañar
que la Santa Faz haya impreso algo de Sí en
el rostro y en el alma de quien se llamó precisamente
Teresa del Niño Jesús y de la Sagrada
Faz?
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