La Catedral de Ruán
Plinio Corrêa de Oliveira
Rouen, la ciudad donde Santa Juana de Arco fue martirizada por los ingleses, tiene una de las catedrales góticas más bellas de Francia.
Observe en la ilustración, el enorme impulso hacia el cielo. La torre triangular se va afinando y parecería que su punta se adentra en el cielo. Tanto es así que no queda claro si la punta es más aire que tierra, más luz que piedra. Queda en evidencia una voluntad de crecimiento, u ánimo de ascender que refleja la elevación del alma.
En el prefacio de su Historia de Santa Isabel de Hungría, Montalembert(*) relata un hecho muy significativo. Un musulmán prisionero de los cruzados, recibió el permiso para viajar por toda Europa. Conoció así las catedrales medievales y preguntó quienes las construyeron. Mostrándole un hermano lego de un monasterio, le explicaron: “Estos son los hombres que construyen estos monumentos” y entonces el islamita observó: “¿Cómo pueden hombres tan humildes construir edificios tan altivos?”.
Esta pregunta resume el alma católica: humilde en cuanto a sí misma, pero insaciable de gloria para Dios.
En este templo religioso, la gloria de Dios es cantada por una flecha que, simbólicamente, alcanza una cima más alta que todos los edificios. Símbolo de la Iglesia y la sociedad temporal católica. La iglesia se cierne por encima de todos. Ella y la cristiandad cantan la gloria de Dios.
(*) Carlos Renato de Forbes de Montalembert, el Conde de Montalembert, escritor y político francés, nació en Londres en 1810 y murió en París en 1870. Jefe del Partido Liberal Católico, es autor de numerosos libros.
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