Tristeza, dolor y majestad
expresadas en un Crucifijo
La manifestación de tristeza de Nuestro Señor representada en este bello Crucifijo es punzante: los labios abiertos, los dientes separados, la quijada ligeramente caída, dando la impresión de tal abandono de fuerzas que evidencia una carencia de energías hasta para mantener cerrados los labios. El artista ha sabido manifestar bien los cabellos de Nuestro Señor desordenados, porque no sería propósito representarlos prolijamente después de todo lo que El sufrió, ordenadamente. ¡Más están bellamente desordenados, de manera que forman mechones bellísimos! La barba es tan pequeña que sería imposible esculpirla revuelta. Ella cae ordenadamente para enmarcar el rostro.
Analizando la corona de espinas, se pueden percibir las grandes espinas que traspasan la frente de Nuestro Señor. Sobre el ojo izquierdo se nota un golpe terrible. ¡Se tiene la impresión de que por allí penetró una de las espinas dejando un hueco horrible! Se ve sangre correr...¡más, con cuanta delicadeza ella corre a lo largo del divino cuerpo! ¡De manera que forman dos largos hilos en cuyas puntas destaca un rubí!
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