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El Palacio de los Dogos de Venecia
Una de las maravillas del Universo
La fotografía nos muestra el célebre Palacio de los Dogos de Venecia que, sólo por el hecho de estar a dos pasos del mar, tiene un especial encanto.
Es difícil definir el color del Palacio pues parecería variar conforme a la luz del día, adquiriendo una tonalidad rosa muy delicada pero conservando en las ojivas góticas –deliciosamente simétricas, pensativas, calmas, tranquilas, muy nobles y que parecen estar contemplando el mar– un color rosáceo y blanco.
De acuerdo a ley de gravedad, lo más pesado debe cargar lo más leve. Se esperaría, entonces, que la masa del edificio hubiera sido construida directamente sobre el suelo y que las ojivas estuvieran arriba.
Sin embargo, construido y distribuido como lo fue, el edificio está calculado con tanta inteligencia que de ninguna manera produce una sensación de inestabilidad o fragilidad.
Por el contrario, las columnas dan la impresión de cargar sin esfuerzo la gran construcción, que rehusándose a posarse en tierra parece estar suspendida en el aire y es soportada por dos columnas de ojivas magníficas.
¡Qué bien pensado fue cada detalle de la fachada! Observemos, por ejemplo, como quedaría de monótona si no hubiese en el medio una puerta que da acceso al balcón; si figurase allí una ojiva más el Palacio se tornaría insoportable. El balcón, además, tiene el tamaño exactamente adecuado para la puerta.
He ahí, estimado lector, algunas reflexiones que pueden ayudarnos a contemplar adecuadamente una de las maravillas del universo: el Palacio de los Dogos de Venecia.
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