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Tirol:
TESORO DE
EUROPA CENTRAL
Seriedad,
inocencia y contemplación
En el grupo de tiroleses que caminaba por Baviera,
se destacaba uno de cerca de cincuenta años,
con sombrero de tonalidad verde y vestido para realizar
actividades en el campo. Un saco pesado, de buena
calidad, medias gruesas, telas escogidas para durar
muchos años...
El buen hombre cargaba elementos de caza o de pesca
y se dirigía al campo, muy resuelto, a practicar
su actividad con un rasgo de seriedad e inocencia,
que era un verdadero encanto. Y lo más curioso
es que iba solo, porque era de ese género de
personas que se sienten bien, sin estar acompañados,
en medio de la naturaleza.
Uno de esos tiroleses pesca o caza mariposas, con
una especie de dedicación que lo hace capaz
de duros sacrificios a fin de obtener un espécimen
raro.
Y eso es hecho sin la menor intención de figurar
en catálogos y sin ninguna concesión
al vedetismo. Él realiza esa actividad porque
el mundo de las mariposas le dice algo a lo que él
da una profunda forma de adhesión.
Personas como él –todavía las
hay en el ambiente campestre de Alemania, Italia,
Austria y Suiza– prefieren vivir en el campo
a residir en la ciudad. Pero no viven aisladas: en
la mayor parte de los casos tienden a formar algo
que existe poco en América: la aldea, un pequeño
conglomerado de casas, donde todo está muy
bien arreglado, con seriedad, con gracia y hasta,
visto desde adentro, cierta pequeña grandeza.
De afuera, provoca una sonrisa de complacencia, jamás
de desprecio.
Para ellos la vida es concebida de la siguiente
manera: trabajar, sí, pero para disfrutar las
horas de placer y observar las cosas interesantes
de la vida. Así, la finalidad de la existencia
terrena consiste en interesarse por lo interesante;
y volvemos a insistir, lo interesante inocente, tanto
y cuanto sea posible en las condiciones humanas.
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