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Un
evocativo símbolo de la Navidad:
el “árbol de Cristo”

La escena que ilustra esta contratapa es un modelo de los
más evocativos paisajes navideños.
¡No podía faltar el “árbol
de Cristo”, como se lo denomina en algunas regiones
de Europa Central!
La costumbre de transformar el pino en un ornato conmemorativo
de la máxima celebración de la Cristiandad nació
en los países donde cae abundante la nieve y las flores
no alegran la naturaleza por coincidir la fecha con la época
más fría del año.
Es un bello complemento del pesebre, que ilustra la alegría
del género humano y de todo el universo creado con
el nacimiento del Niño Dios. San Buenaventura se refiere,
precisamente, a los prodigios ocurridos ese día en
los tres reinos de la naturaleza.
Este pino tiene una particularidad. Transformado en un auténtico
Árbol de Navidad, todo iluminado, continúa con
sus raíces enterradas en la tierra.
Así, conservado en su hábitat natural, el elegante
vegetal no fue a decorar un grandioso salón. Si ello
hubiera ocurrido, sus ramas estarían cargadas de regalos
y cubiertas con algodón blanco simulando la nieve.
Pero no. Este árbol de Navidad enfrenta impávido
los vientos del invierno y ostenta profusamente en sus gajos,
mantos blancos, como si fuesen atrayentes ornamentos navideños,
cuya albura simboliza la pureza del Niño Dios.
El cuadro no estaría completo si faltara la pintoresca
capillita que se vislumbra detrás del muro, en este
tradicional rincón de Europa Central.
La admiración por el advenimiento del Esperado de
las Naciones motivó a los hombres a aguardar la Navidad
con encantadoras formas de belleza... ¡hasta de carácter
culinario!
En el círculo de la derecha, el lector puede observar
una graciosa casita de mazapán, caramelos, chocolates,
biscochitos y “nieve” dulce. La maravillosa Navidad
se conjuga aquí con el mundo ideal de las historias
infantiles, aunque en el cuento la casa tenía tamaño
natural y era comida por dos niños pobres...
Los colores vivos de los artísticos y apetitosos confites
que ilustran el óvalo de la izquierda nos invitan a
participar, con elevado espíritu, de las sacrosantas
y bendecidas alegrías de la cena de Navidad.
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