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Castillo
de Lourdes:
marco victorioso contra el Islam

En el pináculo de un peñasco cubierto por
abundante vegetación se yergue, altivo, el castillo-fortaleza de
Lourdes, en una posición de dominio sobre el fecundo valle que
se extiende a sus pies y protegiendo, como un guerrero, la hoy célebre
ciudad de Lourdes.
Al fondo sobresalen grandiosas montañas nevadas —los contrafuertes
de los Pirineos— que parecen desafiar al castillo-fortaleza.
Construido en estilo románico, con gruesas y altas paredes de
piedra, pocas y estrechas ventanas y una robusta torre (en la cual se
localiza el donjon) el castillo está situado muy próximo
a la gruta de Massabielle, donde Nuestra Señora se apareció
a Santa Bernardita en el siglo XIX para manifestarle su Inmaculada Concepción.
El castillo es, indudablemente, el símbolo más expresivo
de la victoria de los católicos contra los moros, en Francia.
La primitiva fortaleza, existente en el lugar del castillo, era dominada
por un jefe Sarraceno, llamado Mirat, cuando, en el año 778, Carlomagno,
el invencible Emperador cristiano, la cercó con sus francos e intentó
conquistarla por el hambre.
Mientras tanto, un águila sobrevoló la fortaleza y dejó
caer en su interior una trucha que acababa de pescar en el lago vecino.
Mirat mandó llevar el pez a Carlomagno, acompañado de un
mensaje aludiendo a que una plaza tan abastecida de víveres podría
resistir todavía mucho tiempo.
Carlomagno envió al comandante moro uno de sus embajadores, el
santo obispo de Puy, para decirle que si él, Mirat, juzgaba rebajarse
capitulando en las manos del más ilustre de los hombres, podría,
sin pasar vergüenza alguna, rendirse a la Virgen, Nuestra Señora
de Puy-en-Velay.
Mirat aceptó la propuesta, se rindió y pidió el
bautismo. Recibió el nombre de Lorus (de donde viene el nombre
de Lourdes), y condujo a sus guerreros en peregrinación al peñasco
de Puy-en-Velay para venerar la imagen de la Santísima Virgen.
Aún hoy, en las armas de la ciudad de Lourdes se ven tres torres
sobre las cuales planea un águila con una trucha en el pico. Una
pendiente del peñasco conservó el nombre “Peñasco
del Águila”.
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