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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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La vejez: ¿decrepitud o apogeo?

 

Como se engaña el mundo moderno cuando sólo ve en el envejecimiento una decadencia. Cuando se saben apreciar los valores del espíritu más que los del cuerpo, envejecer es crecer en lo que hay de más noble en el hombre: el alma.

¿Decadencia? Es posible que el cuerpo pierda su belleza y vigor. Pero se enriquece con la transparencia de un alma que a lo largo de la vida supo desarrollarse y crecer. Transparencia, que constituye la más alta belleza moral de la fisonomía humana.

* * *

Santa María Eufrasia Pelletier, nacida en la Vendée, Francia, en 1796, fundadora de una Congregación dedicada a la enseñanza femenina, falleció en 1868.

Nada de lo que significa hermosura le faltó en su juventud. Es el modelo magnífico de la doncella cristiana.

En su ancianidad, le queda un vago perfume del encanto de los antiguos días. Pero otra hermosura más alta brilla en este admirable semblante. La mirada ganó en profundidad; una serenidad noble e imperturbable parece preanunciar en ella algo de la nobleza trascendente y definitiva de los bienaventurados de la gloria celeste. El rostro conserva el vestigio de las batallas arduas de la vida interior y apostólica de los santos. Alcanzó algo de fuerte, de completo, de inmutable: es la madurez en el más bello sentido de la palabra. La boca es un trazo rectilíneo, fino, expresivo, que trae la nota típica de un temple de hierro. Su fisonomía exhala ahora una gran paz, una bondad sin romanticismo ni falsa ilusión, con algún resto de la antigua belleza.

El cuerpo ha decaído, pero el alma creció tanto que ya está toda en Dios, y hace pensar en la sentencia de San Agustín: nuestro corazón, Señor, fue creado para Vos, y sólo está en paz cuando descansa en Vos.

¿Quién osaría afirmar que para Santa María Eufrasia, envejecer fue lo mismo que decaer?

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