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Fatima

Visitas de la Imagen
de Nuestra Señora
de Fátima

La Virgen de Fátima en peregrinación
¿Ya llegó a su hogar? Muchas bendiciones de María Santísima están siendo obtenidas por los participantes de la Cruzada Reparadora del Santo Rosario que reciben en sus residencias la imagen peregrina de Nuestra Señora de Fátima.
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No nos dejemos engañar por cantos de sirenas ni guiar por falsos profetas; defendamos nuestro honor de cristianos, exijamos responsabilidad, pudor y respeto.

A propósito de la discusión que los medios instalaron en estos días sobre la campañas de prevención del SIDA y el uso de preservativos, juzgamos indispensable exponer algunas serenas reflexiones sobre las gravísimas irregularidades en que se está incurriendo de manera sistemática.

En efecto, so pretexto de educar para las realidades íntimas de la vida y prevenir una terrible enfermedad, la sociedad está siendo víctima de mensajes engañosos que parecen más bien orientados a desviarla del camino del verdadero amor, la responsabilidad y la verdad.

Ciertos anuncios afirman, por ejemplo, con una insistencia que raya en la obsesión, que el preservativo es un medio seguro para evitar el SIDA. Para difundir ese mensaje no se escatiman esfuerzos publicitarios, artificios psicológicos, ni recursos económicos. Se trata de dar apariencias de realidad a esta proposición que no solo es engañosa sino que esconde lo esencial y facilita la práctica de conductas inmorales.

1.- No les creas

El preservativo es una ruleta rusa. Como método contraceptivo, este procedimiento ilícito, presenta una tasa de fracaso del 11 al 20 % (Dr. S. F. Chevillone, in “Figaro Magazine”, 15-2-92). Pero para el SIDA esta proporción es mucho más elevada: un investigador norteamericano la calculó entre el 18 y el 54% (Dr. Susan Heller, Prof. Universidad de Texas, in “Social science and medicine”, julio 1993). En suma, este artilugio de la deshonestidad no preserva de la enfermedad del SIDA.

2.- Son obcecados, no retroceden ni delante de la evidencia

Pero los patrocinadores de esta campaña no cambian de actitud con argumentos. De mala gana oirán las pruebas irrefutables, pero, poco después, volverán a la carga diciendo “que si no en todo, al menos en parte disminuye los riesgos...”. Y en esto también engañan.

Primero, porque el riesgo supremo es ofender a Dios, violar su ley y perder el alma... y por añadidura la de nuestro prójimo. A esto se exponen fornicadores y sodomitas impenitentes. Y esto, que es lo esencial, nos lo esconden (Cfr. Pío XI, Casti Connubis, N° 33).

Segundo, porque quién conoce el dinamismo de las pasiones humanas desordenadas, sabe que la misma costumbre del uso del preservativo conlleva el grave riesgo de su no uso: quién se hizo esclavo del vicio de la impureza –y a eso conduce la difusión, propaganda y distribución de preservativos- ¡no va a guardar continencia cuando por imprevisión o por otra causa se encuentre sin él!

3. Esconden lo principal: el SIDA y el preservativo son utilizados como armas subrepticias de una gigantesca revolución cultural

- Preservativo ¡eh!

¿No nos gusta la palabra, nos parece un término vil, malsano y malsonante? No importa, o tal vez, precisamente por eso, se lo conjugará en todas sus formas, modos, idiomas y dialectos; se lo estampará en letras garrafales en los muros, lo vomitarán las antenas de radio y TV, se imprimirá en las páginas de los diarios y revistas, se escribirá y describirá en inmundos folletos “educativos” ad hoc para niños y jóvenes; brota en los labios de las autoridades, de profesores, de políticos, de toda suerte de personalidades...; se dan cursos en que se explican sin pudor su manipulación y empleo...¡y se tiene la osadía de ofrecerlo gratuitamente!

En suma, aquella palabra que la decencia manda ignorar y otrora era relegada a los antros obscuros del libertinaje, sale del ambiente sórdido que le es propio, irrumpe a plena luz del día y asedia por todos los medios la conciencia de las personas, se introduce en el hogar y en las escuelas, llegando a todos, sin distinción de edad, sexo o clase social.

¡Que tremenda transformación! Es una verdadera operación de guerra psicológica.

¡Ahhhh! Que progreso cultural, dirán los adalides de la revolución freudiana que se abate sobre los restos de la Civilización Cristiana...; y esta palabra que no quieres ni siquiera pronunciar, serás forzados a leerla, a oírla, inclusive a repetirla aún cuando no sea más que para defenderte.

Y con la palabra se introducirá de contrabando todo el submundo que necesariamente está asociado a ella. Así, inadvertidamente, una parte del muro de honor que separaba lo honesto de lo deshonesto, el bien del mal, será derribado y así se estará extinguiendo la moralidad del ser humano.

- SIDA

Conexo y complementario con lo anterior es la manipulación del término SIDA, otra palabra que esta siendo empleada como arma de guerra contra la concepción moral católica auténtica.

Primero, porque a través de toda suerte de artilugios psico-sociales se va divorciando en la mente de las personas cualquier relación causa-efecto que une esa terrible enfermedad física con los actos sexuales contra natura.

Segundo, porque el SIDA está siendo un argumento utilizado por quienes pretenden legitimar las uniones sexuales entre personas del mismo sexo, pecado que atrajo la fulminante maldición de Dios sobre Sodoma y Gomorra. Un poderoso lobby internacional se aprovecha del miedo y la compasión que suscita la terrible epidemia del SIDA para persuadir que esa conducta contra la naturaleza debe ser considerada una “opción” de vida válida como cualquier otra.

Tercero, porque junto con las campañas dichas de prevención del SIDA se desliza de contrabando un mensaje ideológico inspirado en las teorías freudo-marxistas de la revolución cultural post-moderna que se pueden resumir en el lema anárquico “Prohibido prohibir” de la rebelión estudiantil de la Sorbonne de París en 1968.

Es así como vemos prestigiar el término al punto que se habla de la “generación SIDA”, al igual que se habla de la generación “post-moderna”. Y se evapora, como consecuencia del prestigio y la consideración especial que se da al SIDA, la vergüenza que acompañaba las llamadas “enfermedades venéreas”, una vergüenza que ponía barreras al mal e invitaba al arrepentimiento y a la enmienda. Ahora se nos habla de las “víctimas del SIDA” como siendo héroes, dignos de una compasión sin igual y con derechos y privilegios que nunca se pidieron para las víctimas de catástrofes, accidentes y cualquier otra enfermedad.

Resultado, se exacerba la compasión con los “sidosos” y se eclipsa “pari-passu” en el espíritu público la piedad por las otras miserias que aquejan a los hombres. ¡Por qué tendrán que concederse todos los privilegios y consideraciones al “sidoso” y no al canceroso, al leproso, al que sufre el Mal de Chagas o al que quedó gravemente lisiado!

Ciertamente el SIDA tiene sus víctimas inocentes dignas de la mayor compasión y que merecen nuestro respeto y nuestra ayuda, como son aquellos que lo contrajeron en una transfusión de sangre, por ejemplo. Pero, sobre todo, están los que fueron infectados a través de la práctica de actos contra natura. Entre estos existen quienes, además, se hacen culpables de transmitirla conscientemente en una actitud de rebelión y de venganza.

También están los arrepentidos – lamentablemente pocos, que si no fuera esta “sidafilia ambiental” serían más numerosos. Para estos el terrible mal es ocasión de reencontrarse con la penitencia, el arrepentimiento, la vida del alma y la pureza del corazón, después de años de mortales extravíos.

En fin, existen aún entre las víctimas inocentes del SIDA los que ven en ello un llamado de la Providencia a aceptar heroicamente el mal y ofrecer sus sufrimientos y humillaciones para expiar los pecados de los culpables.

Sin embargo, ¿tendrán la honestidad de mostrar por la televisión estas nobles realidades los dueños del macro capitalismo publicitario y los patrocinadores internacionales del preservativo?

4. Acusación infamante contra la moral católica

Pero la gran infamia de esta campaña es acusar de crimen de propagación del SIDA (de delito de lesa humanidad) a lo que es su eficaz prevención y su adecuado tratamiento, la fuente clara y pura en la que todos podrían apagar su sed y encontrar alivio en sus males. Y por otra parte, excusar de toda responsabilidad a los verdaderos culpables de la epidemia que son quienes practican actos sexuales contra la naturaleza y consumen droga, secundados por el libertinaje y la inconsciencia política.

La fuente clara, abundante y pura de donde mana la prevención verdadera para el SIDA nos la ofrece Nuestro Señor Jesucristo: “el que bebiere del agua que yo le daré se hará en él una fuente de agua que saltará hasta la vida eterna” (Jo, IV-13); la hallaremos en EL, en su Doctrina y en sus enseñanzas morales perennes transmitidas por el Magisterio Infalible de la Iglesia; la encontramos en las costumbres tradicionales que heredamos de nuestros mayores y que son la base de la Civilización Cristiana Occidental.

Con el fin de apartarnos de lo que es el Camino, la Verdad y la Vida, este lobby mediático, escudándose en la tragedia y el miedo al SIDA, ridiculiza y denigra la doctrina y la moral católica tradicionales, y presenta su tajante condena al uso del preservativo como siendo algo no apenas inviable o quimérico, sino como una prohibición que sería responsable por un crimen de lesa humanidad.

5. La respuesta: objetividad y valentía

Este salto, formidable en apariencia, se desinflará como un balón si lo enfrentamos con resolución y altanería.

“El revolucionario – afirma el pensador católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira- por regla general es petulante, locuaz y exhibicionista cuando no tiene adversarios ante sí, o si los tiene débiles. No obstante, si encuentra quien lo enfrente con ufanía y arrojo, se calla y organiza la campaña de silencio. Un silencio en medio del cual se advierte, sí, el discreto zumbar de la calumnia o algún murmullo contra el ´exceso de lógica del adversario´” (Cfr. “Revolución y Contra-Revolución”, Parte II, Cap. V, 3, B).

Concretamente, exhortamos a la juventud a decir con toda claridad y en alta voz a quienes difunden un mensaje disolvente de las costumbres a propósito de la prevención del SIDA:

¡No se dirijan a la juventud argentina como a habitantes potenciales de un gigantesco lupanar!
¿Por quienes nos toman y con que derecho?

No es en vano que Su Santidad Juan Pablo II advirtió durante su visita a Uganda: “la pureza de las costumbres, disciplinadora de la actividad sexual, es el único modo seguro y virtuoso para poner fin a la trágica plaga del SIDA que ha acabado con tantos jóvenes” (“Osservatore Romano”, 8/9-2-1993).

Que la Santísima Virgen de Luján, Reina y Patrona de la Argentina, nos de fuerzas para resistir la tentaciones y seducciones de la hora presente.

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