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Gnosticismo,
anti-catolicismo y El Código Da Vinci
El Código
Da Vinci no trajo nada nuevo, sino que dio continuidad a la larga secuencia
de los libros difamatorios que atacan el credo católico.
Como
la mayor parte de la literatura de ficción o simbólica fue
escrito en dos niveles. El autor tuvo la habilidad de construir una narrativa
precisa y con mucho movimiento sobre un hombre y una mujer que huyen de
enemigos peligrosos.
Entremezclado
con el hilo de la historia, va exponiendo una tesis que coaduna la más
sacrílega y abismal teología con un enfoque grotesco y erróneo
de la historia. Pero, aún más importante, la novela sirve
como un excelente compendio para el sistema de creencias gnóstico
y anticatólico que ha sido usado en décadas recientes para
socavar y reemplazar la civilización cristiana basada en las enseñanzas
de la Iglesia.
Un
fraude impío pretendidamente “científico”
Dicha pareja va cayendo sucesivamente en insólitas trampas y solo
sobrevive buscando salidas aún más insólitas. Mientras
tanto, los diversos personajes actúan de modo a dar pie a las más
absurdas patrañas sobre Jesucristo, Santa María Magdalena
y el origen de los Evangelios.
Con anterioridad, el autor, Dan Brown, narra una serie de hechos, uno
de los cuales meramente especulativo, para dar la impresión de
que el impío fraude está basado en una investigación
sólida. Así, a fin de dar aires de verosimilitud a la absurda
tesis del libro de que Jesús se habría casado con Santa
María Magdalena, Brown se ve forzado a declarar que ¡la Iglesia
trabajó durante 2000 años para suprimir la verdad!
En realidad, lo que ocurre es que, fiel a los principios gnósticos,
el autor del libro rechaza la idea de verdad, lo cual nos lleva a pensar
en la pregunta cínicamente puesta por Pilatos "¿Qué
es la verdad?" cuando a la Verdad la tenía frente a él
mismo...
El análisis detallado de la increíble trama no añade
nada a la idea principal de la historia que consiste en la búsqueda
del Santo Grial, pero atención, no el cáliz de la Última
Cena sino ¡el cuerpo de Santa María Magdalena quien, según
la perniciosa imaginación del autor, habría concebido de
Nuestro Señor Jesucristo!
Brown también menciona secretos y misteriosos documentos relativos
a una historia ficticia de la Iglesia, relacionados con Santa María
Magdalena, que habrían estado en manos de los Caballeros Templarios.
La pretendida desviación de estos últimos de su vocación
llega a niveles tan ridículos que puede ser vista como la caricatura
de lo absurdo.
La
doctrina gnóstica, eje central de la novela
Todos los personajes prominentes destacados en el libro, muchos de ellos
adherentes del Gnosticismo de la Nueva Era, están involucrados
en esa búsqueda. Uno de los católicos "leales",
una bestia particularmente homicida, miembro del Opus Dei, es objeto de
ataques muy fuertes. El lector tiene la inevitable impresión de
que todos los católicos tienen una gran cantidad de defectos, sin
virtudes que les hagan de contrapeso, mientras los Gnósticos son
mostrados como personas brillantes, eruditas y de gran saber.
La novela
induce a los lectores a admitir la existencia en la tierra de dos fuerzas
en pugna y que, finalmente, luego de siglos de represión, los gnósticos
llevan la delantera. Se trata de un gnosticismo, entiéndase bien,
de carácter anticristiano, opuesto a la Revelación de Jesucristo,
y no una forma alternativa de cristianismo como algunos pretenden.
El gnosticismo
existió a lo largo de toda la historia, excepto en las primeras
décadas de la Humanidad, pero ahora nos limitaremos a mostrar el
crecimiento de esta secta en los siglos XIX y XX.
El
gnosticismo en los siglos XIX y XX
El Gnosticismo moderno se manifiesta en muchos de los revolucionarios
actuales que están degradando a la sociedad, desde las feministas
y homosexuales hasta los panteístas, ecologistas radicales y evolucionistas.
El evolucionismo es una doctrina inherente al Gnosticismo, pero conviene
recordar que también forma parte de la doctrina comunista y de
la herejía modernista condenada por San Pío X en Pascendi
Dominici Gregis.
El
evolucionismo.- Charles Darwin puso las bases del misticismo
de la Nueva Era inventando la muy popular, pero nunca probada, teoría
de la evolución. Esta teoría abominable, conjunto de ideas
gnósticas revestidas con atuendos científicos, niega al
Creador trascendente y anticipa una de las herejías centrales del
Código Da Vinci, lo que supone afirmar que la Biblia no narra una
historia verdaderamente confiable.
Hegel
y Marx.- Otros pensadores influyentes del siglo XIX que han influido
negativamente el pensamiento moderno eran gnósticos o introdujeron
ideas con evidentes elementos gnósticos. Cuando Georg Hegel introdujo
el pensamiento evolutivo en el concepto de historia lineal, afirmando
que el ser propiamente no existe sino un permanente devenir en (luego
desarrollado como dialéctica), inauguró ciertas líneas
de pensamiento entre las cuales nada menos que el comunismo de Karl Marx,
quien agregó a la dialéctica de Hegel la concepción
materialista. También en el siglo XIX, Sigmund Freud, el padre
del psicoanálisis, generó otra línea de pensamiento
destructiva, según la cual la mayoría de las neurosis y
desórdenes mentales provenía de la sexualidad reprimida.
Carl
Jung.- Un colaborador de Freud, Carl Jung, gnóstico profeso,
estudió Hinduismo y Budismo, y ahondó en el concepto panteísta
de que la tierra tiene un espíritu que le da vida, con algo que
pretende asemejarse a la creencia católica de que el principio
de la vida del cuerpo es el alma humana. La descendencia psicoterapéutica
de estos pioneros de la ciencia de la mente ha creado un clima en razón
del cual la ascética cristiana, la familia y la misma Iglesia Católica
pueden ser presentadas frecuentemente como las responsables de toda suerte
de desórdenes mentales.
Los
"Evangelios Secretos"
Uno de los personajes principales de El Código da Vinci, a quien
el autor reviste con las más excelsas cualidades como miembro de
la nobleza inglesa e historiador de la corte real, ataca salvajemente
el credo católico utilizándose para ello de un descubrimiento
verdadero.
El gnosticismo
moderno obtuvo muchas ventajas cuando se descubrieron cincuenta y dos
textos antiguos enterrados en una vasija de arcilla, cerca de la ciudad
egipcia de Nag Hammadi en 1945. Cuando las traducciones fueron divulgadas,
los gnósticos sostuvieron rápidamente que las escrituras
misteriosas eran, en realidad, los evangelios verdaderos ocultados por
los líderes dominantes y opresores de la primitiva Iglesia.
Veamos
de que se trata.
Los llamados frecuentemente evangelios secretos u ocultos, no son tales.
Sólo cuatro llevan el nombre de "evangelios" y, de ninguna
forma, contienen la riqueza e historicidad de sus cuatro homólogos
en el Nuevo Testamento. Muchos Padres de la Iglesia, de quienes San Ireneo
(125-203 d. C.) es el mejor ejemplo, escribieron volúmenes refutando
los escritos de los gnósticos de su tiempo, quienes, muy apropiadamente,
eran vistos como subversores de las creencias establecidas por Cristo
y los Apóstoles. Los textos hallados en Nag Hammadi están
basados en las primeras herejías o bien son traducciones Coptas
de ellas. Ya que el texto más antiguo no data sino de alrededor
del año 150 d.C., no hay fundamento para sustentar la existencia
de dos sistemas que se desarrollaron a la par como pretenden los Gnósticos.
La Iglesia organizada, monolítica y jerárquica precedió
varias décadas y probablemente cien años a estas escrituras
encontradas en Egipto. Así, los llamados evangelios ocultos representan
el esfuerzo de un grupo de disidentes y contestatarios, empeñados
en subvertir las creencias tradicionales establecidas por la Divina Revelación.
De todas maneras, no era su valor intrínseco lo que hizo valioso
el hallazgo sino la forma en la que podía ser explotado por numerosos
medios de comunicación anticatólicos de tendencia gnóstica.
La publicación de los textos de Nag Hammandi tuvo como resultado
una aceptación entusiasta de otros textos antiguos, especialmente
uno llamado Evangelio de María. Elaine Pagels, ganadora del Premio
Nacional al Libro de la Universidad de Princeton, jugó un importante
papel en la creación del clima favorable a la religión de
la Nueva Era. En su búsqueda por unificar el Cristianismo con el
Budismo, ella no ve a Cristo como el Señor de la Historia, sino
como un guía espiritual afable que simpatiza con las banderas del
feminismo y el multiculturalismo.
Como
nos lo enseña la Iglesia, el Verbo de Dios, la segunda persona
de la Santísima Trinidad, asumió un cuerpo humano, conservando
su naturaleza divina, y vino a la tierra a enseñarnos lo que debemos
creer. En la Cruz selló Su infinito amor por nosotros y nos abrió
las puertas del Cielo.
Los gnósticos
rechazan al Redentor. Creen que la salvación proviene de un conocimiento
secreto que uno finalmente descubre dentro de sí mismo: es la “chispa
divina” que se libera en todos nosotros. Para ellos, Dios, el Creador
del cielo y de la tierra es el mal, y el buen dios, el dios de la luz,
está lejos, en la distancia, en algún lugar, teniendo poco
que ver con nuestra vida diaria. Ya que en la concepción gnóstica
el pecado fue abolido (de hecho, nunca habría existido), la única
razón de la venida de Cristo es liberar las fuerzas de la luz de
su prisión.
La
Naturaleza de la Iglesia Católica
En El Código Da Vinci los errores históricos y teológicos
son tan abundantes que cada vez que incursiona en un nuevo campo, uno
puede suponer que derivará en alguna distorsión, y la mayoría
de las veces es lo que ocurre. Dos de las mentiras más groseras
ilustrarán esta afirmación. Según el jefe intelectual
e historiador de la Corte de la novela, el Nuevo Testamento "era
una compilación y edición de hombres [del siglo cuarto]
que poseían una agenda política... para dar solidez a su
poder". Esta no es sólo una invención maliciosa, sino
que también muestra una completa falta de conocimiento de la naturaleza
de la Iglesia primitiva.
Ya que uno de los aspectos que distingue al Gnosticismo Moderno es la
rebelión contra toda autoridad y el menosprecio por la religión
institucionalizada, veamos qué cuál es la crítica
que hacen de la Iglesia Católica.
La Iglesia fue fundada por Nuestro Señor, el Verbo de Dios, y se
la llama el Cuerpo Místico de Cristo. Estamos hablando, entonces,
de una Iglesia divinamente inspirada, universal, existente en el tiempo
y en el espacio, no algo efímero y subjetivo. Cristo, en cuanto
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, es la imagen intelectual
de la esencia de Dios. Los Evangelios y la predicación de los Apóstoles
reciben su autoridad del mismo Cristo.
Es la
Iglesia, de origen divino y establecida Nuestro Señor Jesucristo
para santificar a los hombres, la que preservó de todo error esas
enseñanzas a lo largo de la Historia.
Luego de la muerte y resurreción de Nuestro Señor, el cristianismo
se irradió rápidamente en la cuenca del Mediterráneo,
a través de los Apóstoles y sus discípulos. Su éxito
puede ser medido por la oposición que causaron. A los Filipenses:
“Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres
alborotan nuestra ciudad” (Hechos 16, 20); A los Tesalonicenses:
“Mas como no los hubiesen encontrado, trajeron por fuerza a Jasón
y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: Ved
ahí unas gentes que transtornan el mundo; han venido acá
(Hechos, 17,6)”; A los Efesios: “También veis y oís
como ese Pablo, no solo en Éfeso, sino en casi toda el Asia, con
sus persuaciones ha hecho mudar a mucha gente diciendo que no son dioses
los que fabrican con las manos ” (Hechos 19, 26).
La personalidad
de los primeros discípulos y la verdad de su mensaje contribuyeron
mucho a difundir el cristianismo. Las enseñanzas de los Apóstoles
y sus milagrosas ciertamente conmovían muchos corazones, pero,
en definitiva, fue el propio Cristo, con su vida, muerte y resurrección,
quien atrajo a los hombres a Dios. De cualquier manera, la Iglesia existió
y se desarrolló durante quince años, antes que el primer
Evangelio fuera escrito. Los Evangelios vinieron de la Iglesia, no la
precedieron.
La Autenticidad de los Evangelios
La tradición cristiana ha sido atacada reiteradamente y se creó
confusión y duda sobre la autoría de los cuatro Evangelios.
A este propósito queda en evidencia su ignorancia sobre la documentación
existente. Numerosos escritores anterior al Credo de Nicea (compuesto
antes del 323), como los de San Ireneo de Lyon (140-202), Tertuliano de
Cartago (150-220) y Orígenes de Alejandría, no sólo
mencionan a los cuatro evangelistas, sino también brindan información
suplementaria que aclara nuestro conocimiento sobre el propósito
y las circunstancias de su redacción.
El Apóstol San Mateo, originariamente escribió su Evangelio
en Hebreo e hizo todo lo posible para inducir a los judíos a aceptar
la Fe católica. Los seguidores de San Pedro en Roma persuadieron
a su discípulo, San Marcos, a que les dejara una narración
de las enseñanzas verbales de San Pedro. San Lucas, un gentil que
dominaba el Griego, escribió sobre la verdad que había aprendido
en sus viajes con San Pablo. San Juan, el "discípulo a quien
Jesús amaba", escribió su Evangelio en Éfeso
para refutar los errores del creciente movimiento gnóstico que
negaba la divinidad de Cristo.
El texto
en Hebreo de San Mateo fue escrito entre el 40-50 d.C. y la traducción
al Griego aproximadamente diez años después. Todo indica
que el Evangelio de San Marcos fue compuesto durante la década
del 53-63 d.C. El Evangelio de San Juan fue tradicionalmente asignado
al año 100.
La difusión
e integridad de los Evangelios puede ser probada comparando las citas
del Nuevo Testamento de Irineo, Tertuliano y Clemente de Alejandría
(150-215). Ireneocita al Nuevo Testamento 1.819 veces, Clemente 2.406
y Tertuliano, nada menos que en 7.259 oportunidades. Una comparación
entre estos textos y el Nuevo Testamento, como existe hoy en día,
demuestra que las interpretaciones son esencialmente las mismas. Dada
la existencia de 4.000 manuscritos o fragmentos muy antiguos, podemos
afirmar que hay más evidencias manuscritas de los Evangelios que
de cualquier otro clásico antiguo Griego o Latino y mucho más
cercanas a los originales de sus autores.
La
Divinidad de Cristo
Esa demostración de la integridad, historicidad y autoría
de los Evangelios demuestra que son documentos auténticos y confiables,
y refutan lo que es, probablemente, la invención más monstruosa
en la novela de Brown.
En efecto, una de las más escandalosas declaraciones del ya citado
historiador de la Corte es que "hasta ESE momento en la historia
[323], Jesús era visto por Sus seguidores como un profeta mortal...
un poderoso y gran hombre, pero no obstante, un HOMBRE. Un mortal."
(Destaques del original). En su ingenio, el autor introduce en la novela
al Emperador Constantino y al Concilio de Nicea (ambos profundamente distorsionados)
para dar peso histórico a su declaración. Pero nos concentraremos
en el tema de la negación de la divinidad de Cristo.
Aunque
no lo parezca, pocos leen las Escrituras correctamente, ya que San Juan
destruye ese error en la primera frase de su Evangelio: “En el principio
era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios” (San
Juan, 1-1). Así, San Juan declara enfáticamente que el Verbo,
Jesucristo, preexistía eternamente, era distinto del Padre y que
era divino, por tanto, consubstancial con el Padre.
San Juan
hace numerosas referencias a las intensas discusiones que Nuestro Señor
tuvo con los Escribas y los Fariseos en el Templo de Jerusalén.
En el capítulo 10, relata que Jesucristo les explicó a los
Judíos“Mi Padre y Yo somos una cosa” (v. 30)). Ciertamente
lo entendieron, ya que “Al oír esto los judíos tomaron
piedras para apedrearle” (v.31). Momento más tarde, Cristo
dijo “Pero si las hago, cuando no queráis darme crédito
a Mí, dádselo a mis obras, a fin de que conozcáis
y creáis que el Padre está en Mí, y Yo en el Padre”
(v.38), lo que despertó la furia de sus enemigos. De las muchísimas
citas que podríamos hacer, una más será suficiente.
Durante el juicio ante el Sanedrín, en la mañana de la Crucifixión,
el Sumo Sacerdote, revestido de toda su autoridad, preguntó a Jesucristo:
“Yo te conjuro de parte de Dios vivo, que nos digas si Tú
eres el Cristo, el Hijo de Dios. Le respondió Jesús: Tú
lo has dicho” (Mat. 26, 63-64). Acto seguido, el Sanedrín
lo condenó a muerte. Cristo aceptó voluntariamente la muerte
por la verdad de Su divinidad.
Renace
el clima de las primeras persecuciones
Una observación histórica, sin embargo, es verdadera: hay
básicamente dos fuerzas en el mundo, el bien y el mal, la verdad
y la falsedad. Desde el Sermón de la Montaña hasta en la
Última Cena, Nuestro Señor puso énfasis en el conflicto
eterno e irreconciliable entre el espíritu del mundo y el espíritu
de Dios, de lo que resultaría una persecución feroz a su
Santa Iglesia. De hecho, la Iglesia sufrió varios siglos de persecución,
herejías y dos olas de invasiones bárbaras. Instaurada la
Cristiandad, durante la Edad Media “la filosofía del Evangelio
gobernaba a los Estados (...) [la] energía propia de la sabiduría
de Cristo y su divina virtud, habían compenetrado las leyes, las
instituciones y las costumbres de los pueblos, impregnando todas las capas
sociales y todas las manifestaciones de la vida de las naciones”.
Es entonces cuando “la Religión fundada por Jesucristo, firmemente
colocada en el sitial de dignidad que le correspondía, florecía
en todas partes, gracias al favor de los príncipes y la legítima
protección de los magistrados.” (León XIII, Encíclica
Inmortale Dei, Encíclicas Pontificias, tomo I, pág. 329,
Editorial Guadalupe, 1963, Buenos Aires).
En determinado momento, la civilización tomó el rumbo opuesto
y fue sacudida por tres grandes convulsiones, una de carácter cultural
y después otras en el campo religioso, político y socio-económico.
Hoy parecería que renace el clima de las primeras persecuciones.
El Código Da Vinci refleja cuál es la mentalidad que inspira
la actual furia anticatólica.
Artículo
traducido del inglés.
Original escrito por Jeremias Wells para www.tfp.org
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