
Ernesto “Che” Guevara
quiso la desgracia para la Argentina y nuestras
naciones hermanas; pretendió transformar
la crueldad en ideal y la puso en práctica
como “fría máquina de matar”.
Sin embargo, legisladores de la Ciudad de Buenos
Aires pretenden rendirle homenaje substituyendo
con su nombre la denominación de la Avenida
Intendente Cantilo en el barrio de Núñez
“Vergüenza de nuestro
tiempo”: con esta precisión calificó
el entonces Cardenal Ratzinguer (en la Instrucción
Libertatis Nuntius) la secta marxista de la que
Ernesto Guevara fue fanático lacayo en toda
una vida y muerte sin gloria.
Ni Judas ni “el Che”
En 1992 los moradores de la calle Culpina se manifestaron
macizamente contrarios a que impusieran el nombre
del “Che” en su calle, por lo que el
Intendente de turno vetó la resolución.
Ahora representantes del pueblo en la Legislatura
de la Ciudad de Buenos Aires han preferido una avenida
sin residentes... o sea ¡sin riesgo de que
los representados manifiesten oposición a
los representantes!
Si desafortunadamente la desinformaciónconsiguió
que “El Che” sea uno de los argentinos
más conocidos en el exterior, no se comprende
que esto fundamente la designación, como
pretenden Milcíades Peña de “Confluencia”
y otros 18 legisladores.
No se justificaría tampoco
que aquella ciudad de Judea llamada Carioth pusiese
a una de sus vías el nombre del habitante
que la hizo conocida mundialmente: Judas el Iscariote...
El “Paredón”
Se debe a Ernesto Guevara un neologismo en la lengua
castellana: paredón. En efecto, a pesar de
la cantidad de asesinatos cometidos por sus seguidores,
nadie le quita el récord de ser el argentino
con mayor número de homicidios en su haber.
Basta recordar que a un mes de entrar en La Habana
asume como Jefe delDestacamento Militar de La Cabaña,
la fortaleza-prisión donde personalmente
determinó más de quince mil de los
17.121 fusilamientos, en la represión a los
fugitivos del gobierno, no bajo pretexto de “justicia”
sino como una aplicación concreta de su método
político: el terror.
Guerra y muerte indiscriminada
Ernesto “Che” Guevara quiso la desgracia
para la Argentina y las naciones hermanas; pretendió
hacer de la crueldad un ideal y la puso en práctica
como “fría máquina de matar”;
fracasó en todo lo que emprendió pero
ya muerto tiene mucho más éxito que
vivo al servir a una estructura publicitaria que
lo mitificó e instrumentó como símbolo.
Siempre envidioso de la guerrilla
de Fidelio Castro, el “Che Guevara”
no dudó en lanzar una invasión sobre
su tierra, nuestra Argentina, haciendo penetrar
por las comarcas de Tartagal, desde el sudeste boliviano,
una columna criminal instruyendo previamente el
deambular del “Comandante Segundo” (Jorge
Masetti, periodista argentino, fundador de la agencia
de propaganda marxista “Prensa Latina”)
y del capitán cubano “Hermes”
Peña.
Obviamente los obreros y el “campesinado”
criollos no se plegaron a los subversivos –recuérdese
que fue en plena vigencia constitucional del gobierno
del Dr. Arturo Illia– y “el Che”
pasó de la frustración guerrillera
a propagar la muerte indiscriminada, proponiendo
el terror como método político, ese
terrorismo que sufrió todo el país,
estimulando llevar la guerra a las casas, a los
lugares de diversión, hacerla total, impidiendo
al “enemigo” tener un minuto de tranquilidad,
un minuto de sosiego…atacarlo donde quiera
que se encontrare; hacerle sentir una fiera acosada
por cada lugar que transitara...
Pozo de odio
El “Che Guevara” fue un verdadero pozo
de ese odio que convierte al revolucionario en “una
efectiva, violenta, selectiva y fría máquina
de matar”
(cf. “Escritos y discursos”, tomo 9,
Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1977). Instigador
y responsable de la guerra subversiva que bandas
terroristas desencadenaron en la Argentina en las
décadas del sesenta y setenta, organizó
y dirigió todos los movimientos subversivos
que habrían de ensangrentar al continente
–Venezuela, Colombia, Perú y Centroamérica,
el Congo en África y finalmente Bolivia–
adiestrando a toda una generación en las
tácticas de la guerrilla y de la muerte que
él mismo ideó y expuso claramente
en su libro “La guerra de guerrillas”,
entrenándolos , armándolos y coordinándolos
desde la Organización Latinoamericana de
Solidaridad (OLAS) en La Habana.
Inadmisible substitución
Desafortunadamente ese nombre execrable, discretamente
impuesto el año pasado a un cantero, ya mancha
nuestra ciudad. Pero insaciables como siempre, sus
seguidores vienen por más....
El mal olor que rodeó su figura, tanto a
causa de su aversión a bañarse, como
por la maldad de su ideología y crueldad
de su praxis, se quiere perpetuar con otro homenaje
en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, substituyendo
la denominación de la Avenida Intendente
Cantilo con su nombre.
A falta de moradores en esta avenida,
hagamos oír nuestra voz ante la Comisión
de Cultura y Comunicación de la Legislatura
de la Ciudad. Para ello consulte en Internet www.reconquistaydefensa.org.ar