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Jesús
consuela a las hijas de Jerusalén

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
No faltaron entonces almas buenas que percibían la
enormidad del pecado que se practicaba y temían la
justicia divina.
¿No presencio yo algún pecado así? Hoy
en día, ¿no es verdad que el Vicario de Cristo
es desobedecido, abandonado, traicionado? ¿No es verdad
que las leyes, las instituciones, las costumbres son cada
vez más hostiles a Jesucristo? ¿No es verdad
que se construye todo un mundo, toda una civilización
basada en la negación de Jesucristo? ¿No es
verdad que Nuestra Señora habló en Fátima
señalando todos estos pecados y pidiendo penitencia?
Sin embargo, ¿dónde está esa penitencia?
¿Cuántos son los que realmente ven el pecado
y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle
paso a paso el terreno, levantar contra él toda una
cruzada de ideas y de actos, de viva fuerza si fuera necesario?
¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte
de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares
donde impera la impiedad o la piedad falsa? ¿Cuántos
son los que viven en unión con la Iglesia este momento
que es trágico, como trágica fue la Pasión,
este momento crucial de la historia, en que una humanidad
entera está optando por Cristo o contra Cristo?
¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren
no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos!
¡Cuánta calma, cuánto bienestar menudo,
cuánta pequeña delicia rutinaria! ¡Cuánto
sabroso plato de lentejas para comer!
Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número.
La gracia de seguir vuestro consejo, esto es, de llorar por
nosotros y por los nuestros. No con un llanto estéril,
sino con un llanto que se vierte a vuestros pies y que, fecundado
por Vos, se transforma para nosotros en perdón, en
energías de apostolado, de lucha y de intrepidez.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
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