Jesús
cae por segunda vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Caer, estar tirado en el suelo, quedar a los pies de todos,
dar pública manifestación de ya no tener fuerzas,
son estas las humillaciones a que Vos Os quisisteis sujetar,
Señor, para mi lección. De Vos nadie se compadeció.
Redoblaron las injurias y los malos tratos. Y mientras tanto,
Vuestra gracia solicitaba en vano, en lo íntimo de
aquellos corazones empedernidos, un movimiento de piedad.
Aún en ese momento, quisisteis continuar vuestra Pasión
para salvar a los hombres. ¿Qué hombres? Todos.
Inclusive los que allí estaban aumentado de todas las
formas vuestro dolor.
En mi apostolado, Señor, deberé continuar aun
cuando todas mis obras estuviesen por el suelo, aun cuando
todos se unieren para atacarme, aun cuando la ingratitud y
la perversidad de aquellos a quienes quise hacer el bien se
vuelvan contra mí.
No tendré la flaqueza de cambiar de camino para agradarlos.
Mis vías sólo pueden las vuestras, esto es,
las vías de la ortodoxia, de la pureza, de la austeridad.
Mas, en vuestros caminos, sufriré por ellos. Y unidos
mis dolores imperfectos a vuestro dolor perfecto, a vuestro
dolor infinitamente precioso, continuaré haciéndoles
el bien. Para que se salven o para que las gracias rechazadas
se acumulen sobre ellos como brasas ardientes, clamando por
castigo. Fue lo que hicisteis con el pueblo deicida y con
todos aquellos que hasta el fin Os rechazaron.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
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