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La Verónica enjuga
el rostro de Jesús

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Diríase a primera vista, que jamás hubo mayor
premio en la historia. En efecto, ¿qué rey tuvo
en las manos tejido más precioso que aquel Velo? ¿Qué
general tuvo bandera más augusta? ¿Qué
gesto de coraje y dedicación fue recompensado con favor
más extraordinario?
Sin embargo, hay una gracia que vale mucho más que
la de poseer milagrosamente estampada en un velo la Santa
Faz del Salvador. En el velo, la representación de
la Faz divina
fue hecha como en un cuadro. En la Santa Iglesia Católica,
Apostólica y Romana es hecha como en un espejo.
En sus instituciones, en su doctrina, en sus leyes, en su
unidad, en su universalidad, en su insuperable catolicidad,
la Iglesia es un verdadero espejo en el cual se refleja nuestro
Divino Salvador. Más aún, Ella es el propio
Cuerpo Místico
de Cristo.
¡Y nosotros, todos nosotros, tenemos la gracia de pertenecer
a la Iglesia, de ser piedras vivas de la Iglesia!
¡Cómo debemos agradecer este favor! No nos olvidemos,
sin embargo, de que “nobleza obliga”. Pertenecer
a la Iglesia es cosa muy alta y muy ardua. Debemos pensar
como la Iglesia piensa, sentir como la Iglesia siente, actuar
como la Iglesia quiere que procedamos en todas las circunstancias
de nuestra vida. Esto supone un sentido católico real,
una pureza de costumbres auténtica y completa, una
piedad profunda y sincera. En otros términos, supone
el sacrificio de una existencia entera.
¿Y cuál es el premio? “Christianus
alter Christus”. Yo seré de modo eximio
una reproducción del propio Cristo. La semejanza de
Cristo se imprimirá, viva y sagrada, en mi propia alma.
Ah, Señor, si es grande la gracia concedida a la Verónica,
cuánto mayor es el favor que a mí me prometéis.
Os pido fuerza y resolución para, por medio de una
fidelidad a toda prueba, alcanzarlo verdaderamente.
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
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