Jesús
es ayudado por el
Cireneo a llevar la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.
R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
¿Quién era este Simón? ¿Qué
se sabe de él, sino que era de Cirene? ¿Y qué
sabe la generalidad de los hombres sobre Cirene, sino que
era la tierra de Simón? Tanto el hombre como la ciudad
emergieron de la oscuridad para la gloria y para la más
alta de las glorias, que es la gloria sagrada, en un momento
en que muy otros eran los pensamientos del Cireneo.
Él venía despreocupado por la calle. Pensaba
tan sólo en los pequeños problemas y en los
pequeños intereses de los que se compone la vida corriente
de la mayor parte de los hombres. Mas Vos, Señor, atravesasteis
su camino con vuestras Llagas, vuestra Cruz, vuestro inmenso
dolor. Y a este Simón le tocó tomar posición
ante Vos. Lo forzaron a cargar la Cruz con Vos. O él
la cargaría malhumorado, indiferente a Vos, intentando
volverse simpático al pueblo por medio de algún
nuevo modo de aumentar vuestros tormentos de alma y cuerpo;
o la cargaría con amor, con compasión, desdeñoso
del populacho, procurando aliviaros, procurando sufrir en
sí un poco de vuestro dolor, para que sufrierais un
poco menos. El Cireneo prefirió padecer con Vos. Y
por esto su nombre es repetido con amor, con gratitud, con
santa envidia, desde hace dos mil años, por todos los
hombres de fe, en toda la faz de la tierra y así continuará
siendo hasta la consumación de los siglos.
También por mis caminos Vos pasasteis, mi Jesús.
Pasasteis cuando me llamasteis de las tinieblas del paganismo
al seno de vuestra Iglesia, con el santo Bautismo. Pasasteis
cuando mis padres me enseñaron a rezar. Pasasteis cuando
en el curso del catecismo comencé a abrir mi alma a
la verdadera doctrina católica y ortodoxa. Pasasteis
en mi primera Confesión, en mi Primera Comunión,
en todos los momentos en que vacilé y me amparasteis,
en todos los momentos en que caí y me erguisteis, en
todos los momentos en que pedí y me atendisteis.
¿Y yo, Señor? Aún ahora pasáis
por mí en este ejercicio del vía crucis. ¿Qué
hago cuando Vos pasáis por mí?
Padre Nuestro, Ave María, Gloria
V. Ten piedad de nosotros, Señor.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
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