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El Santo Sudario
de Santiago del Estero
El Santo Sudario fue el sagrado lienzo con el que el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo fue cubierto el Viernes Santo, en el momento de ser depositado en el Santo Sepulcro.
Muchas veces se ha intentando poner en duda su autenticidad, pero la investigación científica excluye totalmente que se trate de una pintura y prueba que la Sábana Santa o Síndone y su impronta son como debían ser si se tratase del verdadero y auténtico lienzo funerario de Jesús de Nazareth.
Esa imagen que los hombres vieron borrosa y confusa durante diecinueve siglos, hoy podemos contemplarla admirados, nítida y definida, con la ayuda de las técnicas de fotografía y computación. 1
Itinerario del Santo Sudario
Existen dos versiones sobre el derrotero del Santo Sudario desde Tierra Santa a la Catedral de Turín, en 1578.
La primera sostiene que los caballeros templarios se hicieron de él y lo guardaron secretamente, llevándolo consigo a Francia para depositarlo a las ocultas en uno de sus conventos.
La segunda atribuye a las primeras comunidades cristianas de Grecia el haberlo rescatado y preservado inmediatamente después de la crucifixión, hasta llegar a la ciudad de Edessa (hoy Turquía), de la que pasó a Constantinopla en el año 944, para ser colocado en la gran catedral de la antigua Bizancio.
A mediados del siglo XIV, la venerada sábana que cubrió al Señor se hallaba en Lirey, Francia y hacia ese punto acudían los peregrinos para contemplarla y orar en su presencia. Si bien el obispo de Troyes intentó prohibir su veneración alegando que la tela era pintada, el Papa terminó autorizando su exposición pública con ciertas limitaciones y hasta concedió indulgencias.
En Chambéry, la reliquia fue entregada a los duques de Saboya en el mismo año de la caída de Constantinopla, y en el 1506 el Papa Julio II le otorgó su fiesta especial, aprobando la correspondiente liturgia para la Santa Misa y el Oficio Divino.
En 1532 se produjo un incendio que estuvo a punto de consumir al Sudario. Sin embargo, el siniestro no hizo más que poner al descubierto la imagen del Señor, con sus llagas, sus heridas, su sangre y su sudor. Fue un hecho providencial que contribuyó a incrementar la devoción por él.
Obsequio de Felipe II
Cuando en 1534 las hermanas clarisas emparcharon el sudario y lo colocaron entre dos paños de igual medida, para su mayor protección, se produjo un segundo milagro.
En efecto, al ser retirados en 1578, año en que los Saboya se lo llevaron a su nueva capital, Turín, se descubrió que la imagen de Nuestro Señor, su sangre, sus marcas y hasta el polen de Palestina, habían pasado a ellos.
El sagrado manto fue depositado en la gran catedral de Turín, contigua al Palacio Real ydesde 1694, yace en la capilla que Guarino Guarini construyó especialmente para él.
En 1804, a su paso por Turín rumbo a París, el Papa Pío VII veneró la Sábana Santa. Once años más tarde, cuando Roma fue ocupada por las tropas napoleónicas, el Santo Padre se exilió en Turín, ocasión en que el Rey Victor Manuel I determinó en honor a su huésped una exhibición pública de la Santa Síndone.
En 1980 se dispuso una ostensión privada para el nuevo Papa, Juan Pablo II, que volvió a peregrinar a Turín en 1998 y en el 2000.
De los dos paños que cubrieron el Sudario, uno fue entregado a Francia, por haber sido la nación depositaria de tan sagrada reliquia durante tanto tiempo y la otra a España, potencia del momento, cuyo soberano, el rey Felipe II, en su deseo de impulsar la evangelización de sus vastos dominios americanos, la entregó a la Orden de los Jesuitas, cuyos misioneros la llevaron a Santiago del Estero en 1585.
El manto fue colocado primeramente en la catedral de la segunda ciudad más antigua de la Argentina (fundada en 1553), sede del Obispado del Tucumán, y después en el convento que la Compañía levantó en aquella población.
En pleno siglo XVIII los jesuitas fueron expulsados del Imperio por lo que el convento pasó a manos de los dominicos, sus custodios hasta nuestros días.
Argentina es depositaria de una de las reliquias más valiosas de la Cristiandad, algo que su población, profundamente católica, venera con devoción.
Notas:
1 “El verdadero rostro de Jesús”, Narciso de Diego, Impresos Ancla, Buenos Aires, 2002
Fotografía:
Santo Sudario original, diócesis de Turín, Italia |